lunes, 29 de junio de 2009

Subsistir: Una Lucha Silenciosa contra el paso del Tiempo









En medio de centenares de edificaciones de último siglo, descansan aparentemente inquebrantables, edificaciones coloniales y del más alto contenido histórico. La más fina arquitectura de otros tiempos se mezcla con el andar citadino y ojos que ya no miran la magnificencia que representa. Así, en medio del ruido de la ciudad, tallados en piedra y madera, esperan pacientes la atención que merecen, después de haber sido por siglos, los espectadores pasivos de la historia paceña.

¿Cuántas de estas construcciones han podido pasar desapercibidas ante la destrucción? Algunas han formado parte de un proceso de preservación, engañando al tiempo y manteniéndose tal y como estuvieron siglos atrás. Fueron transformadas en museos o instituciones públicas, a modo de permitir también, la visita de la población y recordar junto a ellas, momentos o personajes históricos.

Sin embargo, otras están a punto de desaparecer y quedar en el olvido, de convertirse leyendas de algo que alguna vez existió, asentadas a la espera de que alguien las rescate de la inexistencia. ¿Habrá alguna entidad trabajando en pro de la preservación de espacios históricos urbanos?

Desde hace algunos años, se han tomado medidas orientadas a la recuperación de espacios urbanos, coloniales y republicanos, al igual que casonas privadas ubicadas en centros históricos paceños. Distintas ordenanzas municipales al igual que decretos procedentes del ejecutivo han sentado las bases para la protección de estos espacios, acudiendo incluso a la experiencia de gobiernos de otros países que han implantado medidas similares.

Se hace, actualmente un trabajo arduo en la documentación, catalogación y evaluación de distintas construcciones para posteriormente iniciar su restauración. Se espera que muchas de estas obras estén terminadas en coincidencia con las celebraciones del Bicentenario de la ciudad, para así conjugar la historia paceña actual, con aquella oculta entre paredes que van más allá de los trescientos siglos de antigüedad.

Para lograr este objetivo, la participación, no sólo de autoridades sino de la población en general, será muy importante. Y, una forma de despertar el interés de la población es dando a conocer la historia y enigmas de algunas construcciones y así entender su importancia en el desarrollo histórico, social y cultural de la ciudad.

Hasta finales del 2008, 98 casonas en la ciudad de La Paz, recibieron la aprobación de su título como Patrimonio Arquitectónico Urbano de la ciudad de La Paz, tal como afirma el diario La Prensa en un artículo publicado el 18 de diciembre de ese año. En todos los casos, las construcciones tuvieron que pasar por un largo trámite para poder lucir en su pared delantera la placa que muchos aun ansían tener, que lleva grabada las palabras: Patrimonio Histórico.

Un reglamento para rejuvenecer

A fines de agosto de 2004, el Presidente por ese entonces Carlos Mesa, promulga la Ley N° 2803 la cual autoriza al Gobierno Municipal de La Paz la elaboración de un Reglamento que incentive la protección de patrimonio histórico de la ciudad, con participación privada.

Los responsables de patrimonio en la Alcaldía, comenzaron su trabajo obteniendo finalmente un reglamento de 25 artículos orientados a identificar áreas, inmuebles o elementos arquitectónicos patrimoniales y urbanos, valorando lo que representan, buscando además mantener, respetar, defender y preservar los valores culturales históricos de estos, determinando procedimientos técnicos para el tratamiento e intervención en el mismo. Este reglamento está respaldado por una serie de normativas legales por lo que es de aplicación obligatoria dentro de la ciudad de La Paz.

¿Qué es lo que se considera Patrimonio Histórico y Urbano? Para determinar si una construcción es o no patrimonial, más allá de los años que lleve encima y que la cantidad de familias que han vivido en el lugar sea extensa, la construcción debe estar dentro de los límites de la ciudad de La Paz, dividida en ocho áreas, según las zonas.

Se toman en cuenta tres categorías para clasificar los espacios y construcciones, según su significación histórica y cultural. Estas tres categorías son:

- Categoría A (Valor Monumental). Todo aquel que tenga valor testimonial, por lo que deben ser conservadas íntegramente.

- Categoría B (Valor Patrimonial). Su preservación permite intervenciones físicas.

- Categoría C (Valor de Integración). Permite modificaciones, alteraciones, transformaciones contemporáneas conservando las características propias del entorno.

De acuerdo a cada categoría y al estado de las mismas, se seguirán distintas acciones para la protección del patrimonio. Por ejemplo, la conservación busca mantener la edificación tal cual está, mejorando su ambiente. Mientras que la integración introducirá elementos arquitectónicos nuevos, útiles para su desempeño funcional. En medio de estos, existen otras acciones menos radicales como la restauración que busca recuperar la identidad de las arquitecturas. La acción de acondicionamiento y re funcionalidad. La misma busca mejorar las condiciones ambientales mediante la modernización de sus instalaciones e incluso la redistribución de su espacio interior, manteniendo sólo las características morfológicas. Ha sido utilizada en algunas construcciones de propiedad del Gobierno Municipal. En este se encuentran el Museo de Etnografía y Folcklore y el Museo Nacional de Arte.

El Gobierno Municipal de La Paz, otorga incentivos a quienes cumplen con todos los requisitos de preservación. Se puede obtener una rebaja de entre 80 a 50% en el pago de impuestos. Asimismo, el trabajo de restauración y conservación reciben fuertes aportes de la Alcaldía.

Reconocimiento aclamado

Son cientos las construcciones reconocidas por el municipio de La Paz como patrimonio. Se encuentran entre la lista, varias que son no sólo un Patrimonio paceño, sino un patrimonio nacional. Entre estos espacios se encuentra la Iglesia de San Francisco, de estilo Barroco Mestizo y con casi 500 años de antigüedad. Esta considerada como una de las primeras construcciones católicas del país y fue uno de los centros más importantes de cristianización durante la colonia. Después de un sinfín de refacciones, catalogación de sus elementos y una larga lucha por los protectores del mismo, se logra contar con el financiamiento y apoyo necesario para su restauración actual. En el mismo, participaron fundaciones alemanas, otorgando cierto porcentaje para la restauración final. Esta situación se dio en varias construcciones coloniales, cercanas a la Plaza Murillo de la ciudad de La Paz, al igual que de otros departamentos del país. La Iglesia de San Francisco, permite al visitante ingresar a las tres naves del templo, contemplando los retablos cubiertos en su totalidad de pan de oro y decenas de efigies talladas en todo tipo de materiales y representando distintos estilos artísticos de los últimos 400 años. Además, los patios posteriores y salas del convento Franciscano que funcionaba en este sector, se han convertido en un museo al cual se puede acceder por no más de 10 bs. para visitantes locales.

Otro inmueble catalogado como patrimonio nacional, es el antiguo Palacio de los Marqueses de Villaverde, o conocido actualmente como el Museo de Etnografía y Folclore. El mismo fue construido en 1730, en uno de los solares que eran distribuidos durante la época de la colonia, a los españoles y criollos. Está distribuido en tres patios: el primero o principal, era conocido también como el de recepción. Muestra los más impresionantes tallados y solía conducir a las habitaciones más importantes de la Casona, como el salón de honor. El segundo patio era utilizado por la servidumbre del dueño de casa, siendo este más sencillo que el primero. Finalmente, el tercer patio, era utilizado como una especie de depósito, en el cual se guardaban alimentos y se tenían a los animales. Será en 1930 que se nombra a este Palacio como Patrimonio Nacional, comenzando con una serie de refacciones, hasta ser lo que es hoy. Actualmente, se han hecho arreglos al interior de la construcción, mezclando tendencias contemporáneas con el barroco mestizo de la estructura original, adaptando ésta, a las necesidades de la institución cultural que alberga.

Justo al lado de la Catedral de la ciudad de La Paz, en pleno centro histórico de la ciudad, se encuentra el Museo Nacional de Arte. Su infraestructura está hecha de piedra y cal, y tiene un estilo claramente barroco andino. Es una de las muestras de arquitectura colonial más exquisita de la ciudad y que ha sido considerada también Patrimonio Nacional. Esta construcción perteneció al criollo Don Francisco Tadeo Diez de Medina y Vidango, importante abogado del virreinato, que estudió en la Universidad de Francisco Xavier en Sucre. Esta edificación, construida en tres plantas abiertas y con una galería de diez arcos con vista al exterior, fue terminada en 1775 en un pulcro estilo mestizo.

Con el pasar del tiempo, fue habitada por otras familias, en algunos casos, descuidando su estado o haciendo alteraciones a la misma. En 1960, después de ser declarado Monumento Nacional, pasa a depender del Ministerio de Educación. Será así que entre 1961 y 1965 se hacen la restauración y adaptación de este monumento que se convertiría en el actual Museo Nacional de Arte. El mismo, durante la última gestión de lo que antes fuera el viceministerio de culturas (actualmente Ministerio de Cultura), pasó por otras refacciones, al igual que otras construcciones históricas. Sin embargo, se mantiene gran parte de su estructura interna y más bien, se han colocado elementos decorativos y tecnológicos que facilitan la protección de recursos que guarda el mismo y una mejor conservación de estos. Asimismo, se ha dividido la casa en distintas salas que albergan todo tipo de exposiciones durante todo el año.

Los recuerdos que dejó la república

Más allá de estas hermosas construcciones coloniales, la ciudad cuenta con cientos de monumentos levantados después de la independencia de nuestro país y que son también un baluarte en la historia nacional y conforman la cadena de edificaciones patrimoniales de la ciudad. Uno de los ejes o zonas que más representaciones de este tipo tiene es la Av. Arce y San Jorge. Una tras otras, las casas cuentan con las plaquetas que las identifican como patrimonio. En su mayoría, su nombramiento oscila entre el 2002 y el 2008, catalogadas en las categorías A, B o C de patrimonio urbano. De la misma manera, son muchas las nominadas para esta gestión, las cuales están siendo evaluadas, estudiadas y están en proceso de tramitación legal.

Entre estas construcciones se encuentra el Capitolio. El mismo es, actualmente, de propiedad privada y presta servicios como centro de reuniones, conferencias, seminarios y otro evento social de fuerte contenido cultural o académico. Cuenta con dos plantas, con ventanales angostos y pequeños balcones, más que todo decorativos. Cuenta con ventanas circulares en el piso superior, o altillo y muestra ante su portón un jardín de pequeña extensión, pero que en sus inicios, antes del desarrollo de la ciudad hasta estos sectores, contaría con jardines extensos en la parte posterior de la construcción.

Otras edificaciones consideradas como patrimonio histórico son la actual embajada de Inglaterra, el Espacio Cultural de Brasil, la Escuela Militar de Ingenieria, las instalaciones del Goethe institut y 91 construcciones más, dentro de esta zona. Todas ellas de distintos periodos de la historia republicana del país.

Lo que queda atrás

Es claro notar que el trabajo ha sido más prominente en unas zonas a comparación de otras. Una de las más olvidadas fue la zona de San Pedro, que tiene tantos o más años de antigüedad que los alrededores de la Plaza Murillo. Calles y avenidas de comercio informal asentado en este lugar ocultan sin pesar las estructuras que antaño fueran coloniales y que ahora, ante la falta de recursos de sus dueños para su refacción o la ignorancia de otros que prefieren construcciones más modernas, se van perdiendo, hundiéndose en el olvido y convirtiéndose en leyendas para la población. Uno puede caminar entre el mercado y observar algunas paredes de adobe que se mantienen estables, graderías desgastadas, angostas y pequeñas puertas que incluso muestran el año de su creación, a punto de caerse y de ser reemplazadas por un material más actual. Estructuras que podrían contar tragedias épicas de la explotación de los indígenas y narrar las venturas de quienes lograron, a través del comercio informal desde años tan lejanos a los nuestros, evadir el racismo y convertirse en grandes poseedores de bienes materiales.

Una situación similar se vive en la zona de Miraflores y Obrajes, donde los trabajos de evaluación están siendo encaminados a paso lento pero seguro, estudiando los casos más urgentes. Es en este sentido que, con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, la Alcaldía Municipal de La Paz, expande el Proyecto de Fortalecimiento de la Gestión del Patrimonio del Municipio de La Paz impulsado por la Dirección de Patrimonio Tangible y Natural a siete áreas de la ciudad: el centro histórico (ya establecida), Sopocachi, Miraflores, San Jorge, las laderas este y oeste, Obrajes, San Pedro y la zona de San Sebastián, en tres fases: inventariación de bienes, elaboración del Plan Maestro de las Áreas Patrimoniales del Municipio de La Paz y su respectiva reglamentación.

Tal como presenta un boletín del Gobierno Municipal, “se prevé que el 2010 los propietarios de inmuebles patrimoniales podrán acceder al servicio de técnicos especializados en tareas de restauración que comprenden artes y oficios como la cantería, la herrería, la carpintería y la albañilería”.

Los avances realizados hasta el momento se presentan muy prometedores para la cara de la ciudad de La Paz. Han sido rescatados muchos espacios que tienen un alto significado cultural y arquitectónico del municipio. Sin embargo, no debemos dejar de mirar a aquellas construcciones que están a punto de desaparecer, de derrumbarse por falta de arreglos y de presupuesto para este fin. Su derrumbe significaría arrancar una página en la historia de esta ciudad.

Estamos viviendo un proceso de preservación que, para cumplir sus objetivos, requiere de muchos años más de esfuerzo tanto de las autoridades como de los paceños. Se necesita por tanto, un proyecto que vaya enfocado también a la concienciación de la población de la ciudad, no sólo para respetar estos espacios que son patrimonio paceño y nacional, sino también, para llegar a estimarlos y admirarlos, convirtiéndose en un emblema de lo que representamos como nación. Que sea este escrito, una exhortación a autoridades, vecinos y propietarios de estas construcciones a trabajar juntos por la preservación y valorización de la arquitectura nacional urbana, para no perder en ellas la ventana a lo que alguna vez fue la ciudad de La Paz.

miércoles, 29 de abril de 2009

Inestabilidad de la Propiedad Privada en el País

Toma de minas, casas particulares y campos abiertos, son situaciones que han ocurrido durante estos años, preocupando a la sociedad que cada vez está más susceptible de si la propiedad privada es y será respetada durante este gobierno.

Aparentemente, la policía y otros entes gubernamentales no han mostrado mucho interés en la solución de estos conflictos, dejando que comunarios y movimientos sociales sobrepasen la autoridad y se crean dueños de propiedades y sean quienes ponen las reglan en la solución del hecho.

Ante esto, son algunas haciendas, especialmente en el oriente, que han conformado grupos de choque, a modo de proteger los terrenos de los cuales son dueños. Esta acusación, realizada por el oficialismo, no ha sido comprobada, pero su existencia no debería sorprender a la población.  Es una lógica clara: la seguridad es una necesidad del ser humano y si la policía no la satisface, de manera espontánea el individuo creará maneras de llenar este vacío y posiblemente no encuentre la vía más correcta.

Es indignante notar que el gobierno, en vez de buscar soluciones, sólo ataca a las víctimas de los comunarios, mostrándose, sin pudor, como claro aliado de estos grupos, presentando discursos parcializados y vanas excusas que sólo incrementan el conflicto.

Entonces ¿Qué hacer con la propiedad privada? ¿Cómo guardarla en el bolsillo para evitar los ultrajes a la misma? ¿Quién protege la propiedad privada, si no es el estado a través de sus líderes en instituciones? ¿Por qué debemos tener miedo si vivimos en un país democrático?

La Constitución Política del Estado establece las garantías a la propiedad privada, sin embargo su ambigüedad deja una serie de interpretaciones que pueden fácilmente ser distorsionadas;  a gusto y antojo de quien la lee.

Es éste, entonces, un campo resbaladizo, que en cualquier momento se viene abajo, llevándose consigo el fruto del trabajo de miles de familias. Será necesario exigir medidas al gobierno y que éste establezco otras, para dar tranquilidad a ala población, primordialmente otorgarle seguridad.

Se requiere también, información más clara sobre los artículos de la CPE que tocan este punto, alguien que nos aclare cuáles son las verdaderas intenciones detrás de todo esto. Y ahora ¿quién podrá defendernos? Nos preguntaremos, en espera de aquel líder que nos muestre el camino correcto y no una serie de errores prefabricados.  No esperemos más casos como el de Himalaya o Víctor Hugo Cárdenas para ver los errores sino a través de estos establezcamos nuevas políticas públicas a favor de la población. 

domingo, 29 de marzo de 2009

YPFB: POLÍTICA DE NACIONALIZACIÓN EN PAÑALES

Una de las políticas del presidente Evo Morales, durante este gobierno que se ha denominado del “Cambio”, ha sido la recuperación de las empresas que pertenecieron al estado y que fueron capitalizadas durante el primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, durante la década de los 90’s.

El inicio estaría marcado por la nacionalización de los hidrocarburos, convirtiéndose en la tarea “estrella” del gobierno, desde el inicio del 2005. La recuperación de las acciones y por ende los ingresos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) sería un objetivo no sólo del poder Ejecutivo, sino de la sociedad en general.

En 1996 se capitaliza la empresa hidrocarburífera con la intensión de atraer nuevas inversiones, mejor tecnología y más fuentes de trabajo, que a la vez sean más eficientes. Los recursos obtenidos por la capitalización fueron utilizados en distintos programas de desarrollo social y rural. De esta manera, la empresa nacional más grande, quedó en manos de empresas extranjeras y transnacionales.

Es a partir de la primera década de este siglo, que un nuevo pedido social emerge de las clases más anegadas del país. La pobreza afecta a miles y las riquezas de nuestro país, son derrochadas por unos pocos y muchos de ellos ni siquiera son bolivianos. Es entonces que comienza un llamado para recuperar los recursos naturales y que éstos sean administrados por el estado.

YPFB es nacionalizado el 1 de mayo de 2006 en Caraparí, población donde se ubica el principal campo petrolero del país (San Alberto), dando lugar a la aplicación del Decreto Supremo “Héroes del Chaco” del gobierno de Evo Morales, con el que comenzó la nacionalización de los hidrocarburos, acción que fue aplaudida por un gran número de ciudadanos bolivianos.

El resultado de esta nacionalización, a nivel social, fue la mejora del pago vitalicio para todos los bolivianos y bolivianas mayores de 60 años (renta dignidad). Esta renta pretende de alguna manera amortiguar la injusticia a la cual se han visto sometidos algunos sectores de trabajadores y trabajadoras bolivianos como las empleadas domésticas, los taxistas, las amas de casa, los mineros, los artesanos, los campesinos, la misma renta es financiada con los recursos provenientes del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), la rentabilidad de las empresas capitalizadas en el Fondo de Capitalización Colectiva (FCC) y el Tesoro General de la Nación (TGN).

El Bono Juancito Pinto fue creado también, a partir de la nacionalización. El mismo pretende beneficiar con 200 bolivianos a 1.800.000 estudiantes de primero a octavo de primaria de las unidades educativas fiscales de todo el país. El Objetivo del mencionado bono es Incentivar el ingreso, y culminación de los niños en las escuelas, El bono Juancito Pinto fue creado por el Decreto Supremo No. 28899 del 26 de octubre de 2006.

Todos estos bonos, que mal o bien contribuyen a los ingresos de los más necesitados en el país, conllevan a la vez, desventajas que a corto o largo plazo, pueden tener consecuencias muy complicadas a nivel económico y social.

Sin ir muy lejos, podemos hablar de la rentabilidad en el tiempo que tienen estos bonos ¿Hasta cuándo podrán ser entregados a la población? ¿Qué pasará cuando el gobierno no pueda sostenerlos más? Pues, se generará un caos social, en el cual, todos aquellos que fueron los beneficiados, al haber generado cierta dependencia de este ingreso económico, no le será concebible el no tenerlo.

En otros casos, se ha llegado a creer también que el implantar estos bonos, no han tenido solamente un objetivo de colaboración, sino también de ganar seguidores para el partido oficialista; contentar a las bases para no dejar escapar sus votos para las tantas elecciones realizadas en este gobierno. De ser cierto, estaríamos enfrentando un hecho crítico que a la larga puede llevar a los bolivianos a un desequilibrio social, especialmente en cuanto a confianza se refiere; no por nada se dice que las mentiras tienen patas cortas.

Ante todo esto, deberíamos plantearnos una pregunta: De todos los ingresos obtenidos por YPFB ¿Qué porcentaje está siendo ahorrado para futuras generaciones? A pesar de los ingresos obtenidos (se habla de que el PIB del país, después de la nacionalización, ascendió a 9.334 millones), fue necesario para el gobierno solicitar dinero a las prefecturas, municipios y universidades para lograr completar los montos necesarios para cubrir el pago de los bonos. Es así que se decide recortar el impuesto directo a los Hidrocarburos. Todos estos sectores reaccionaron ante esta solicitud; seis departamentos y varias universidades públicas tomaron sus medidas para evitar este recorte. Aparentemente no quedaba otra opción, les guste o no a todos los sectores.

Entonces, la nacionalización de YPFB ¿fue realmente un avance económico para el país? Según expertos, el estado que nacionaliza deja de recibir un “alto” ingreso económico ya que durante la capitalización, la empresa ganadora de la subasta, invertiría la cantidad pujada dentro de la misma empresa como aumento de capital para la compra del 50%, también llevándose la gestión de esa empresa. Los 50% restantes fueron transferidos de las manos del gobierno (del estado) al control de dos fondos de pensiones estatales, con el objetivo de generar flujos de caja a lo largo de los años para cubrir los pagos de las pensiones de los jubilados. Actualmente, dichos pagos continúan pero sin tener una vista a futuro o largo plazo pasando por alto que las reservas hidrocarburíferas pueden terminar en algún momento.

Más allá de esto, regresó el fantasma de la corrupción el cual estuvo en pleno auge en épocas anteriores y fue una de las principales razones por la cual la empresa de hidrocarburos fue capitalizada. Cuando el gobierno nacionalizó Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) le dijo al país que la petrolera estatal sería la empresa estrella, motor de la economía y del desarrollo nacional, porque generaría los recursos para luchar contra la pobreza.

Apenas han pasado tres años de esa decisión y YPFB atraviesa por la peor crisis de corrupción que se hubiera vivido antes y después de la capitalización. Esta crisis tiene su origen en la decisión del presidente de la República, Evo Morales, de designar autoridades “a dedo”, y como repartición de “pegas” es decir, con un perfil político y no profesional especializado en el área petrolera. El resultado obvio es la ineficiencia de la empresa y los actos de corrupción, todo este mal manejo nos lleva a ver como los recursos humanos son desaprovechados y todo se basa en simple politiquería, ello documentado por los medios de comunicación.

Por otra parte la nacionalización de los Hidrocarburos no fue como se dice un acto con mucha legitimidad y es de esperar que las empresas extranjeras, estén maniobrando con sus gobiernos un reclamo, para mejorar su situación negociadora frente al gobierno boliviano. Además dicho gobierno debe saber que la nacionalización sin compensación o sin flexibilidad trae consigo consecuencias que resultarán perjudiciales para su pueblo, tales como demandas multimillonarias entre otras. Es normal pensar que cuando una empresa ha invertido más de €3.500 millones en estos negocios y se los quitan de la noche a la mañana el capital privado tardará en volver y no existirán muchas empresas nuevas que quieran invertir en el país con la confianza de antes. Esto resultará en menos inversiones, menos crecimiento y menos empleo para los bolivianos, especialmente los pobres que son los que menos pueden soportarlo.

La nacionalización de YPFB marcó un hito más en la historia de nuestra república. Se convirtió en la experiencia económica más importante del Gobierno de Evo Morales, pero a la vez dio muchos dolores de cabeza y su organización y administración; hasta estos días, genera malestar en la población y en el ejecutivo. Es momento de aprender de los errores que se han cometido, pero principalmente, abrir los ojos a nuestra realidad y notar que algunas políticas funcionan y otras necesitan ser aplicadas en el momento preciso para que se desarrollen como esperamos. Tal vez aun no era el momento de YPFB para caminar por su cuenta.